Roller coaster

Julieta Buitrago



La excitación de subirme por primera vez al Roller coaster hizo que mi corazón latiera rapidísimo y que me temblaran las piernas. Cerré los ojos, respiré profundo y me entregué a la dulce agonía de la ilusión de abismos.

Un seductor zumbido estimuló mis sentidos. Mil subidas y bajadas me dejaron sin orientación. La velocidad aceleró mi pulso, casi explotó mi corazón. El vértigo recorrió toda mi piel.

El más intenso clímax me dejó sin aliento.

…

No es de extrañarse que hoy en día, las montañas rusas y los juguetes sexuales, compartan el mismo nombre.



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